PABLO RÁEZ: MODELO DE LUCHA Y CRISTIANO EJEMPLAR

 

Pablo Ráez
Pablo siempre fue optimista en la enfermedad

Pablo Ráez no llegó a cumplir los 21 años. El joven malagueño falleció el sábado 25 de febrero de 2017
víctima de la leucemia tras haber hecho de su enfermedad una bandera que ha cambiado el panorama de las donaciones de médula ósea. Al día siguiente, domingo, en la céntrica iglesia marbellí de La Encarnación, no cabía un alfiler, ni más emoción tampoco. Más de mil personas abarrotaban el sagrado recinto, y muchas otras seguían la ceremonia desde el exterior, a pesar de que la familia del muchacho había anunciado su intención de despedir a su hijo en la intimidad tras dos años de gran exposición pública. Dos años desde su decisión de compartir su tratamiento en las redes sociales y se convirtiera en un personaje público, con más de 300.000 seguidores en Facebook, e hiciera popular su famosa frase “¡SIEMPRE FUERTE!”.

Autoridades de los Ayuntamientos de Marbella, Málaga y Ojén, vecinos y un gran número de jóvenes, no quisieron perder la oportunidad de dar su último adiós en la tierra a un chico tan valiente como encantador. Fue el párroco, Don José López Solórzano (o el cura Pepe, como gusta de ser llamado), capellán de nuestra Orden de San Lázaro, quien entre emotivas lágrimas mejor retrató al joven, ya que desde hacía años les unía una profunda relación de amistad y cariño. Lo que poca gente conoce, es que Pepe no sólo era su pastor sino que también era su padrino.

Féretro Pablo Ráez portado a hombros
Féretro portado a hombros por sus compañeros monaguillos

Con tan sólo 14 años acudió a la iglesia para pedir el bautismo, ya que como el propio párroco reconoció en un documental “Vino como un adolescente de los que nos vamos encontrando más, que por circunstancias de la vida ni se bautizaron ni hicieron la comunión”. Tras ser invitado a acudir a la iglesia si le gustaba, comenzó un proceso espiritual que le llevó al cabo del tiempo a recibir el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. Y su padrino finalmente fue el párroco. Así fue como empezó a ser monaguillo en la parroquia junto a otros chavales de su edad, que fueron precisamente los que el domingo sacaron entre lágrimas el féretro del templo.

Pablo Ráez y Pepe López Solórzano
Pablo y Pepe, una sincera y gran amistad

El mismo Pablo reconocía en el documental  que “Pepe es mi padrino pero es mucho más que mi padrino. Es mi amigo. Realmente Pepe es un gran amigo para mí. Ha estado muy presente en mi enfermedad. Ha sido de las personas que más cercanas ha estado. Siempre, siempre, siempre que ha podido ha estado para venir a verme. Siempre que he necesitado algo ha estado para dármelo”. Tal relación de profunda amistad y amor no podía quedar aparte en el funeral, y el propio Pepe diría con voz quebrada al comienzo de la ceremonia “Yo no sé enterrar a Pablo, lo que quiero es llorar con vosotros”.

“Los que hemos conocido a Pablo lo hemos querido. Dios ahora lo tiene en sus brazos. Y estoy convencido de que todo lo que ha ayudado a los demás no se pierde”, dijo el sacerdote. Y efectivamente ha prestado un gran servicio… un servicio de testimonio ejemplar. Pepe afirmaba que le había escuchado a Pablo dar las gracias a la leucemia. Lo hacía porque “gracias a su enfermedad él ha descubierto muchas cosas y las ha integrado en su vida”. El propio Pablo reconocía que “muchas veces voy andando por la calle y se me saltan las lágrimas por ver la naturaleza, algo que jamás me había ocurido”. Aseguraba que estaba disfrutando de esto porque era “difícil”. Pero él creía que “hay que ser conscientes de que es tan fácil cómo que lo que estamos viendo podemos dejar de verlo”.

Así afrontó su enfermedad con alegría. “Hay que disfrutar el día a día y cada momento porque es único, cada día es único e irrepetible” decía. “Cada revés, cada retroceso en la enfermedad, me hace más fuerte en lugar de rendirme. La muerte forma parte de la vida, por lo que no hay que temerla, sino amarla. Y así vivió y así murió. Pero dejó este mundo no sin antes haber logrado que el número de donaciones de médula ósea en España se disparara como nunca antes había pasado. El mismo Pepe se refirió también en su homilía a la campaña de concienciación por la donación de médula realizada por Pablo durante todo el proceso de su tratamiento y dijo que Pablo era una persona que creía que el mundo puede cambiar. “Hizo lo que tenía que hacer, ha dejado su huella en este mundo”, dijo antes de convocar a los presentes a continuar con esa tarea: “Pablo ha hecho lo que podía hacer, sigamos nosotros”.

Pablo, desde el cielo en el que ya descansas en brazos del buen Padre y de la buena Madre, sigue infundiéndonos tu espíritu de superación y de confianza en la Amorosa Providencia de Dios.

Pablo Ráez (2)¡¡SIEMPRE FUERTE!!

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