HISTORIA Y BIBLIOGRAFÍA

LA FUNDACIÓN DEL HOSPITAL

No se sabe a ciencia cierta la fecha de la fundación de la Orden, que algunos  autores datan en el 370, cuando San Basilio Magno se proclamó maestre de un hospital para leprosos, puesto bajo la advocación de San Lázaro. Hacia el 1050 aparece registrada una hospedería atendida por una hermandad de benedictinos y aprobada por el Patriarca griego ortodoxo de la Ciudad Santa que tiene como objetivo aliviar la suerte de los peregrinos pobres y enfermos. Anexa a este Hospital y situada extramuros se halla una leprosería, que más tarde se pondría bajo la advocación de San Lázaro, el santo obispo de los pobres.

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Gerardo Tenque

En esta época, el rector del hospital es un tal Gerardo Tenque, que inmediatamente después de la conquista de Jerusalén por los Cruzados pone a disposición del conquistador, Godofredo de Bouillon, sus instalaciones, con lo que se gana la voluntad del caudillo victorioso, que le confirma Maestre del Hospital. Al mismo tiempo, organiza su comunidad como una orden religiosa inspirada en los tres votos: castidad, pobreza y obediencia. Con la conquista de Jerusalén por los cruzados, el número de leprosos aumentó considerablemente y Gerardo separó el Hospital de San Juan de la leprosería de San Lázaro, así llamada por estar cerca de la puerta fortificada de dicho nombre. Esta separación fue realizada como medida de higiene sanitaria para que los leprosos no contagiasen su terrible enfermedad a los demás pacientes. Años más tarde, el Bienaventurado Gerardo Tenque contrajo la lepra, y eso motivó que fuera apartado del Hospital de San Juan, y como todos los leprosos de la ciudad, tuviera que salir extra muros, y pasar a la Casa de San Lázaro.

El primer documento histórico en el que se menciona a la Religión es una Constitución de 1227 en que el Papa Gregorio IX concedió indulgencias a quienes diesen limosnas al Hospital de San Lázaro. Inocencio IV, veinte años después, autoriza a los caballeros de la Orden a elegir Gran Maestre entre sus hermanos que no estén aquejados de la lepra. La Orden Hospitalaria de San Lázaro adquiere carácter de verdadera Orden Militar por virtud de la Constitución Cum a nobis otorgada por Alejandro IV el 11 de Abril de 1254, quien le da tal carácter y le cambia la regla de San Basilio, que hasta entonces seguía, por la regla de San Agustín.

Gerardo Tenque muere en el 1120. La creencia de algunos autores de que los Maestres de San Lázaro eran elegidos entre los caballeros sanjuanistas que contraían la lepra, parece confirmarse al leer la lista de sucesores de Gerardo. Algunos textos legales contenidos en el Libro de Reyes del Reino Latino de Jerusalén, especifican también que los caballeros de San Juan y del Temple que fuesen leprosos, debían abandonar su Orden y tomar el hábito lazarista de tal manera que su espíritu combativo fue transformando paulatinamente el carácter hospitalario de la Orden en militar.

DESARROLLO DE LA ORDEN EN TIERRA SANTA

A la muerte de Fulco d’Anjou, Rey de Jerusalén, en 1143, la Orden adquirió gran importancia durante el reinado de Balduino III, su sucesor de trece años. La regencia fue asumida por la Reina viuda, Melisenda, que pese a sus dotes e inteligencia, no pudo evitar la caída de Edesa en el 1144 en manos musulmanas. La segunda Cruzada, organizada por Luis VII de Francia y el Emperador Conrado III, destinada a liberar el Condado de Edesa de Zeuki, señor de Alepo, estaba destinada al fracaso, pero fue definitiva en el proceso de consolidación de la Orden.

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Castillo de Boigny

Interesado por las actividades lazaristas y consternado por los rebrotes de la enfermedad en la propia Francia, Luis VII llevó consigo doce hospitalarios de San Lázaro a su regreso a la patria en el 1149. En el 1150, la Orden recibe una primera donación real en Saint-Denis, en París, confiándoles un hospital de leprosos, un viejo castillo y una iglesia que tomaron el nombre de Saint Lazare, nombre que con el tiempo sería el de un conocido barrio de aquella ciudad.
En 1154, Luis VII cedió a la Orden a perpetuidad la baronía real de Boigny. El jefe de los hospitalarios de San Lázaro allí residente poseía el título de Preceptor y dependía del Maestre General de la Orden en Jerusalén. Un siglo más tarde, Boigny se convertiría en Encomienda Hereditaria de la Orden y su solar histórico más incontestable.

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Balduino IV

En el 1168, murió Balduino III envenenado por su médico. Fue sucedido por el rey Amalarico I, y tras él, Balduino IV fue coronado el 11 de julio de 1174. El reinado del Rey leproso tuvo extraordinaria importancia para la Religión. Según cuenta la tradición, una noche en sueños el rey tuvo una visión de la Santísima Virgen, junto al propio San Lázaro portando una cruz verde, señalándole la caballería que debía de ser su guardia en las batallas. Sin entrar en el territorio de las alegorías religiosas, el reinado del joven Balduino IV, de cinco años tan solo, apunta muy claramente la conversión del Hospital de San Lázaro en Milicia de choque. Es más, según Manuel Angel Lobeiras, “… la parte más desagradable toca a los caballeros de San Lázaro, porque al estar aquejados en su mayoría de lepra, enfermedad que aterroriza a las huestes enemigas, no son apresados en las batallas, sino que son ejecutados a la mayor celeridad para evitar el contagio”. Que Balduino IV le tuviera predilección a la Orden está fuera de duda. Es natural que resultara indispensable para un caudillo militar, siendo casi un niño, y además enfermo de lepra. Así la Orden pasó de meramente hospitalaria a seguir al rey en sus campañas y convertirse en una corporación guerrera encargada de la sanidad en las batallas.

Se sabe que los lazaristas acompañaron al ulceroso en el ataque al valle de la Beqaa, en 1176 y, en 1177, estuvieron presentes en la victoria de Montgisard. En dicha batalla se atribuye que fue el monarca leproso quien diera definitivamente la cruz verde a los lazaristas.

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Batalla de Montgisard

Según se cuenta en las crónicas, el caballero Gismond D’Arcy, también contagiado de la misma enfermedad que Balduino, daba escolta al rey. Los infieles llegaban por oleadas, y cayendo el rey del caballo, el caballero cubrió el cuerpo del monarca con el suyo y utilizando el dextral (un tipo de hacha privativa del Hospital de San Lázaro), se cortó su propio brazo comido por la lepra. Luego lo arrojó al enjambre de enemigos ante la mirada atónita de los otomanos, que huyeron aterrorizados, abandonando en su huida una bandera verde con la que el caballero formó una cruz que prendió sobre su cota. Prosperó aquel color entre las huestes de San Lázaro y se cuenta que el soberano, por demostrar su afecto a los cirujanos que le cuidaban, la pintó en su escudo de guerra, sancionando de este modo su uso. Los caballeros lazaristas hicieron pronta fama de obstinados en las escaramuzas, de no abandonar nunca sus posiciones, de audaces hasta el límite de lo inimaginable. Los lazaretos puestos bajo su custodia jamás se rindieron. No rehuir nunca al poderoso enemigo fue una de sus máximas más estimadas. No dar cuartel ni esperarlo, fue su táctica. Antes de entrar en liza, oraban todos juntos y hacían ayuno por purificarse de sus pecados.

 

SOBERANÍA EN ACRE, DESTIERRO, Y ASENTAMIENTO EN EUROPA

Balduino IV falleció en 1185 y la Corona del reino latino de Jerusalén pasó a su sobrino Balduino V, quien, tras un período de intrigas y luchas civiles, murió al año siguiente. La corona pasó a su madre, Sibila, quien la cedió a su segundo esposo Guido de Lusignan, cuya soberbia e ineptitud permitió al Sultán destruir los ejércitos cristianos en la batalla de los Cuernos de Hattin en el 1187, donde un pequeño contingente de lazaristas a pie, protegió la reliquia de la Santa Cruz que portaba el obispo de Acre, hasta la muerte. Poco después Saladino tomó Jerusalén, perdiendo San Lázaro sus posesiones en Tierra Santa. Los musulmanes ocuparon el Hospital, la sede de la Orden, los dispensarios, las leproserías, las fincas y las aldeas de ella dependientes. Dos años después, Guido de Lusignan intentó poner sitio a Acre para desde allí reconquistar el reino, pero volvió a fracasar. El sitio se prolongaba sin esperanza cuando la Tercera Cruzada dirigida por Federico Barbarroja, Felipe Augusto de Francia y Ricardo Corazón de León, aportó hombres y dinero en 1190. El 12 de julio de 1191, al cabo de varios meses, los turcos capitularon y Acre fue reconquistada.

En reconocimiento a los servicios militares de las distintas Ordenes, Acre fue dividida en diecinueve secciones o barrios. Los Hospitalarios de San Lázaro recibieron la plena soberanía de una de estas secciones (el sector de Montmusard, al norte de la ciudad), que fue fortificado a expensas de la Orden. La sede lazarista al igual que la leprosería, la iglesia y la casa conventual, se levantaron junto a la muralla, a orillas del mar. Esta ubicación extramuros fue, con toda probabilidad, elegida para evitar el contagio de la población civil en contacto con los enfermos residentes en el lazareto de Acre. Se erigió entonces la iglesia fortaleza de San Lázaro de los Caballeros, la Torre de nuestro santo patrón y la iglesia de San Lorenzo, cerca de Cesarea, por lo que los patriarcas orientales y el propio Papa de Roma reconocieron derechos soberanos sobre estas propiedades, que se extendían por buena parte de la ciudad y sus murallas. Por aquel entonces, la Orden había devenido en una suerte de organización, paralela a la de San Juan: existen ya Caballeros, Capellanes y Hermanos Sirvientes.

Posteriormente sucede una época de recuperación de la Orden cada vez más rica y poderosa. Hacia 1229, Santa Isabel de Hungría regala a la Orden el Hospital de Santa María Magdalena de Gotha. El priorato de San Lázaro de Capua fundado en 1226 recibe como donación del emperador Federico de Hohenstaufen numerosos dominios en Sicilia, en Calabria y en los Abruzzos. Pero en la tarde del 18 de octubre de 1244, la flor de la Caballería del Reino cruzado fue vencida por los ejércitos del Sultán, y entre los lazaristas no hubo un solo superviviente.

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Caida de San Juan de Acre

La Séptima Cruzada, donde la intervención militar de la Orden está documentada, acabó en el fracaso de Mansourah. La Octava murió con San Luis, rey de Francia, atacado por la peste frente a Túnez. A partir de 1271, el sultanato mameluco retomará su lucha contra los establecimientos cristianos de  Tierra Santa. De año en año, los cristianos fueron arrojados hacia la costa. Una tras otra, las plazas del interior fueron tomadas por el invicto Creciente hasta la definitiva caída de San Juan de Acre el 18 de Mayo de 1291, donde los lazaristas destacaron por su valerosa defensa de la ciudad. Con la caída de San Juan de Acre, el 18 de Mayo de 1291, se produce una diáspora de las ordenes de caballería de Tierra Santa hacia Europa. En Acre, el contingente de caballeros de la Orden de San Lázaro que defendía la ciudad, había perecido en su totalidad. Ninguna otra milicia tuvo tal mortandad. La orden desaparecía de los escenarios palestinos por consunción. Los escasos supervivientes encontraron refugio en Boigny, en Capua y en Burton. Nunca más volvieron.

Con la caída de Acre, la Orden veía menoscabada su soberanía efectiva y en lugar de seguir el ejemplo de la Orden de Malta, refugiándose en una isla o un territorio próximo, se replegó a sus lares europeos. Fuera ya de Tierra Santa, el Gran Maestre Meaux, fallecido en 1276, impuso que su sucesor fuera elegido en el castillo de Boigny. Fue en ese año de gracia en el que el Capítulo General eligió a Thomas de Sainville, Maestre General de la Orden aquende y allende los mares. Por aquel entonces, Felipe el Hermoso de Francia tomó bajo su protección a los caballeros de San Lázaro, según un documento real fechado en el 1308, dejando a la Orden instalada cómodamente en el favor real y dedicada a la lucha contra la lepra. Había nacido la Orden Militar y Hospitalaria de San Lázaro de Jerusalén, tal y como la conocemos hoy.

Durante los siguientes 100 años, la Orden se afianzó en Francia, España e Inglaterra. También se puso bajo la autoridad del Papa, abandonando la protección espiritual de los Patriarcas de Jerusalén, como había sido tradicional, y desde la sede magistral de Boigny, realizó una labor de centralización, administrando las encomiendas lazaristas de dentro y de fuera de Francia. En 1428 los ingleses pusieron sitio a Orleans, y los caballeros lazaristas combatieron en el ejército de Santa Juana de Arco participando en la liberación de la ciudad en 1429. A la liberación de Orleans se une el hecho de que fueron tropas lazaristas las que forzaron a los ingleses a retirarse de las encomiendas de Beaugency y la Pequeña Jerusalén.

 

LOS INTENTOS DE EXTINCIÓN DE LA ORDEN

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Inocencio VIII

La bula Cum Solerti de 5 de abril de 1489, firmada por el Papa de Roma Inocencio VIII, fiel defensor de la Orden de Malta y deseoso de que todas las órdenes se uniesen en una sola fuerte y poderosa, ordena la extinción y supresión de San Lázaro y del Santo Sepulcro y la anexión de sus encomiendas y bienes a la Orden de San Juan de Jerusalén. Pero la Orden de San Lázaro persistió en Francia, merced a que los Reyes Cristianísimos no quisieron aceptar la extinción de las encomiendas lazaristas en su país y su anexión a San Juan, y éstas quedaron supeditadas a la autoridad del Maestre General del Hospital de San Lázaro de Boigny.

En 1565, por la Bula Inter Assiduas el Papa Pío IV dispuso que con las encomiendas lazaristas italianas se crease una Orden de San Lázaro que puso bajo el magisterio de su sobrino Gioanotto Castiglione, Prior de Capua. Castiglione gobernó San Lázaro de Capua hasta que Gregorio XIII, el 13 de noviembre de 1572, por su bula Procomissa nobis entregó la Orden italiana al Duque de Saboya, fundándose así la Orden de San Mauricio y San Lázaro. Esa unión surtió efecto en Capua, en Saboya y en los Estados Pontificios, pero no en España, porque Felipe II, obtuvo del Papa una excepción de los bienes lazaristas, en sus dominios; y tampoco en Francia, cuyo rey se opuso a las pretensiones del duque de Saboya. El 17 de mayo de 1569, el Gran Maestre Seure nombró un Vicario General en la persona de François Salviati. Salviati tuvo que parar las aspiraciones de Manuel Filiberto de Saboya, que en 1573 le dirigió una carta, informando que, por nombramiento papal, él era el Gran Maestre de toda la Orden. Pese a que el Duque de Saboya consiguió de Carlos IX la concesión del Gran Magisterio de San Lázaro de Francia, Salviati no se inmutó y siguió gobernando la Orden con prudencia y astucia. A la muerte de Carlos IX, su sucesor, Enrique III, volvió a conceder las mismas prerrogativas que su hermano había concedido a Manuel Filiberto de Saboya. Pero Salviati convenció al rey de la independencia de San Lázaro y de sus derechos históricos y el rey Enrique III anuló el documento favorable al Duque de Saboya, y en 1578 confirmó a Salviati como Gran Maestre. Salviati murió en 1586.

 

LAS ÓRDENES REUNIDAS

En 1572 el protestante Enrique de Navarra cambia de religión y se convierte en Enrique IV de Francia, con la conocida frase “París bien vale una misa”. Durante la guerra entre los distintos pretendientes a la corona, la sede magistral de Boigny fue una vez más saqueada y ocupada y varias encomiendas de la Orden quedaron convertidas en feudos de caballeros protestantes, partidarios del de Navarra: la vida de la Orden se hallaba al borde de la extinción. Desprovista de las rentas de las encomiendas más ricas que habían caído en manos extrañas, extinguida para el Pontífice, casi sin caballeros, la Orden pasaba por uno de los momentos más difíciles de toda su historia; sólo la extraordinaria previsión del difunto Salviati arrancaría del Rey la garantía de su supervivencia.

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Enrique IV de Francia

Veinte años antes de estos acontecimientos, Salviati había dirigido a Enrique III un memorándum sobre la Orden, que jamás llegó a su destino. Un amigo y colaborador de Salviati, Pierre de Belloy, que a su vez lo era del nuevo Rey Enrique IV, convenció al de Navarra, para que la Orden, a la luz del memorial de Salviati, se convirtiera en una especie de guardia personal del monarca. Asimismo, a este nuevo cometido, la Orden sumaría la administración de todas las leproserías de Francia y parte de estas rentas se usarían para sufragar los gastos de los caballeros asignados a la custodia del rey. El 17 de Septiembre de 1604, Enrique IV de Francia nombró Gran Maestre a Filiberto de Nerestang. Para cumplir con todas las formalidades, Enrique IV envió a Roma un embajador para obtener del Papa la confirmación del nombramiento de Nerestang y la renovación de los antiguos privilegios de la Orden; sin embargo el Papa se negó en rotundo, ya que como tal Orden, estaba extinguida para sus predecesores en el Solio Pontificio. Fue entonces cuando Manuel de Saboya reclamó para sí la legitimidad de la Religión de San Lázaro, a lo que el Rey Cristianísimo ni siquiera contestó.

Sin embargo, la posición del Papa con respecto a San Lázaro no dejó de preocuparle, ya que cualquier contencioso con la Iglesia le hubiera puesto en situación difícil, dado su pasado protestante y anticatólico. Por eso maquinó la constitución de una nueva Orden, la de Nuestra Señora del Monte Carmelo, en clara referencia al lugar donde los caballeros de San Lázaro habían luchado en las Cruzadas y someter su constitución, inspirada en los estatutos de San Lázaro, a la aprobación papal. El 16 de febrero de 1607 el Papa promulgó una Bula denominada Pontificex Maximus autorizando el establecimiento de nueva Orden, que un año más tarde completó con la Bula Militantium Ordinum Instituto, aprobando sus estatutos y reglas. El 14 de abril de 1608, Enrique IV nombró Gran Maestre de la nueva Orden a Nerestang, que ya lo era de San Lázaro y poco después expidió una carta patente, en virtud de la cual se unían las dos Ordenes. Así, sin desafiar al Papado, el Rey había garantizado astutamente la supervivencia de San Lázaro, protegiendo la Orden histórica, bajo el piadoso manto de la Virgen del Carmen.

Las órdenes unificadas siguieron existiendo cada una en su propio derecho dándole al Hospital la doble ventaja de ser la más antigua de las ordenes militares de la Cristiandad y de la Casa de Borbón, y a Nerestang, un arma diplomática de enorme importancia: Cuando había necesidad de exaltar las antiguas glorias de la Caballería, se invocaba la Orden de San Lázaro; cuando se necesitaba un favor de Roma, se hablaba en nombre de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo, ya que el Papa no le negaba nada. En 1612 el hijo de Nerestang, Claude, fue nombrado Coadjutor del Gran Magisterio de cada una de las dos Ordenes, con derecho a sucesión lo que muestra claramente que pese a la unión nominal, las Ordenes mantenían su identidad y se consideraban distintas y separadas.

 

EL PERIODO BORBÓNICO FRANCÉS

El 20 de Noviembre de 1672, Luis XIV llamó a los caballeros de la Religión a Versalles y después de reafirmar los derechos y privilegios que sus mayores le habían concedido, anunció que reorganizaría la Orden sobre la base de los bienes y rentas de otras órdenes que estaban en desuso o se hallaban abolidas, y que San Lázaro asumiría todas las responsabilidades de las instituciones hospitalarias del Reino, constituyendo una especie de Seguridad Social o Ministerio de Sanidad, utilizando los bienes expropiados para beneficio de los oficiales del ejército que debían ser recibidos en la Orden. El 21 de Noviembre de 1673 se ordenaba el traslado de todos los leprosos del reino a los establecimientos de la Orden. En poco tiempo la Religión de los leprosos se convertiría en una institución de suma importancia. El número de nuevos miembros era impresionante. Bajo la autoridad del Vicario se iniciaron negociaciones con Roma, para que el Papa expidiese una Bula de reconocimiento, pero Clemente X se negó, dadas las malas relaciones que mantenía con Versalles. Pero en 1693, el Rey revocó el Edicto firmado en 1672. La Orden fue desposeída de todos los hospitales y leproserías que se habían adquirido, sin duda, para no verse implicado en los asuntos de una Orden de Caballería por la que había perdido todo interés y porque la nueva Orden de San Luis que él mismo había fundado, le robaba mucho tiempo.

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Conde de Provenza

En 1757, Luis XV nombró Gran Maestre al duque de Berry. La protección real era evidente, aunque Benedicto XIV siguió reconociendo al Monte Carmelo como única Orden, ignorando la cruz verde. En 1765, el Gran Maestre Luis Augusto (futuro Luis XVI) se convirtió en Delfín de Francia como consecuencia de la muerte de su padre, y por ello dimitió en 1773. Luis XV nombró inmediatamente como nuevo Gran Maestre al hermano del Delfín, a Luis Estanislao Javier de Borbón, conde de Provenza, que fue recibido el 17 de Diciembre de aquel mismo año, en Versalles. A él se debe el actual lema de la Orden “Atavis et Armis”. Nada o muy poco, se había hecho para enderezar el rumbo de las finanzas de la Orden, porque pese a que el Hospital de San Lázaro era rico, y poseía grandes propiedades rurales, los administradores no destacaban por sus especiales dotes en el terreno de la economía, y muchos de ellos explotaban las fincas en beneficio propio. Realmente la Orden entró en una etapa de decadencia ya que el Gran Maestre perdió interés en una institución que sólo le costaba dinero.

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Ejecución de Luis XVI

En julio de 1789, la chusma tomó la Bastilla y Francia entra en su periodo revolucionario. En 1791 la Asamblea Nacional debatió y aprobó la abolición de la Orden en Francia. Ese mismo año, mientras Luis XVI caía en poder de los revolucionarios, el Gran Maestre se exilió en Bruselas y naturalmente ignoró el decretó revolucionario. La Orden, casi en su totalidad, mantuvo la lucha contrarrevolucionaria. El 21 de Enero de 1793, el Rey Luis XVI, fue guillotinado. En 1795, su hijo (conocido por Luis XVII), desapareció bajo extrañas circunstancias y el Gran Maestre, el Conde de Provenza, fue proclamado Rey de Francia, aunque tendría que esperar diecinueve años para subir al trono de sus mayores. En 1824, la Cancillería de la Legión de Honor publicó un documento oficial, por el cual de las unidas Ordenes de San Lázaro y Nuestra Señora del Monte Carmelo, (esta última) no ha sido concedida desde 1788 y se deja que se extinga, lo que demuestra que Luis XVIII no quería seguir manteniendo la ficción de la existencia de una Orden que nació con el sólo objetivo de servir de pantalla ante el Vaticano a la Religión de la cruz verde.

 

RESTAURACIÓN, SUPERVIVENCIA, Y PATRIARCADO

Luis XVIII abandonó el Magisterio de la Orden, tomando el título de Protector. Un Consejo de Oficiales gobernó la Religión, a falta de un Gran Maestre nombrado por el Rey. En 1830, un estallido revolucionario puso fin al reinado de Carlos X, y en su lugar se entronizó la Casa de Orleans, en la persona de Luis Felipe I, Rey de los franceses, quien convirtió a la Legión de Honor de Bonaparte en la única orden nacional francesa. La Religión de la cruz verde, como no podía ser de otra manera, se alineó en el bando de la Monarquía legítima, y levantó armas por el conde de Chambord, Enrique V, Gran Maestre de iure de nuestra Orden. Pero todo fue inútil y la Orden se resignó a volver a constituirse independiente del poder real, como en sus orígenes, ya que todo pacto con la Monarquía de Luis Felipe hubiera sido una traición flagrante a su gloriosa Historia. El conde de Chambord y sus sucesores, pretendientes legítimos al trono francés, no reivindicaron jamás el magisterio de San Lázaro, comprendiendo que su legitimidad no pertenecía al Patrimonio Ecuestre de los Reyes de Francia, sino a sus propios caballeros.

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Máximos III Mazloum

A principios del siglo XVIII la Iglesia de Antioquía, estaba dividida entre los partidarios de Roma, asentados en Damasco y los seguidores de la tradición oriental, cuya sede se originó en la ciudad rival de Alepo. En 1729 el Papa Benedicto XIII reconoció a Cirilo, proclamado por el partido pro-católico, como auténtico Patriarca. De esta forma, se formalizó un cisma que perdura hasta nuestros días, y el segmento católico de la iglesia siríaca fue conocido como Iglesia Melquita Greco-Católica. En 1838, Roma reconoció al Patriarca los títulos de Patriarca de Antioquía, de Jerusalén y de Alejandría y de todo el Este. Es en este contexto donde los lazaristas encuentran protección religiosa, dado que faltos del favor real, no pueden volver sus ojos a Roma. Cuando en 1841, los caballeros lazaristas persuaden al Patriarca Máximos III Mazloum que acepte el protectorado espiritual de la orden, el Patriarca asume en la práctica, las funciones del Gran Magisterio. En 1850, ingresan en la Religión (que cuenta con unos catorce caballeros supervivientes) alrededor de unos veinte neófitos.

 

UN NUEVO GRAN MAESTRE: DON FRANCISCO DE BORBÓN

D. Francisco de Borbón y de la Torre

La Orden, acosada por sus enemigos, dividida en facciones y casi sin recursos, reconsideró seriamente la posibilidad de rehabilitar al Gran Magisterio, vacante desde que Luis XVIII abandonase el cargo y se proclamara Protector. No es de extrañar entonces que el Consejo de la Orden, recabase de un Príncipe de la Sangre de Francia la aceptación de la jefatura de San Lázaro como en sus mejores tiempos. Desempeñaba por aquel entonces las tareas de Gran Bailío, el teniente coronel don Francisco de Borbón y de la Torre, descendiente directo de Luis XIV. Cabeza de la segunda varonía de la Casa de Borbón, el duque de Sevilla consorte, por su matrimonio con su prima doña Enriqueta de Borbón y Paradé, era el candidato ideal para desempeñar el Magisterio de una Orden tan vinculada a los príncipes de Borbón. El duque de Sevilla, poco antes de aceptar el Gran Magisterio, quiso con el respaldo del Consejo, ofrecerle tan alta dignidad al Príncipe de Asturias, rehusando éste, por orden de su padre el Rey don Alfonso XIII, que no deseaba por aquel entonces enfrentamiento alguno con la Santa Sede. Por ello, y tras legalizar la Orden en España el 17 de junio de 1935, don Francisco pidió la aprobación de Alfonso XIII para su elección como Gran Maestre de San Lázaro, que finalmente se produjo el 15 de Diciembre de aquel mismo año. Coincidían todos estos hechos con un nuevo ataque del Vaticano, explicitado en el Osservatore Romano de 16 de Abril de 1935, desautorizando las legítimas pretensiones de San Lázaro a denominarse Orden, dado que para la Santa Sede, San Lázaro se hallaba abolida canónicamente como consecuencia de las Bulas anteriormente citadas, (Cum Solerti  y Pro Comissa Nobis). Esta interpretación propició la inclusión de la Religión en las sucesivas listas de ordenes falsas facilitadas por el Vaticano.

Sin embargo, ya antes de la guerra civil española, comenzó a ingresar en la Religión de San Lázaro lo más granado de la nobleza hispana y europea (como el rey Carol de Rumania, el rey Boris de Bulgaria, los príncipes de Prusia, el gran duque Kiril de Rusia, o el príncipe Borghese, incluyendo también príncipes de la Iglesia); se organizaron también Grandes Prioratos en distintos países, recuperando, paulatinamente, el carácter universal que en el pasado tuvo el Hospital de los pobres leprosos. Proceso que se mantuvo cuando después de coadyuvar a su preparación, el Gran Maestre se incorporó al Alzamiento Nacional español contra la tiranía marxista del Gobierno del Frente Popular. Uno de los lazaristas que contribuyó grandemente a este asentamiento de la Religión en nuestra Patria, fue el general Millán Astray, fundador de la Legión Española. Del aluvión de ingresos de la inmediata posguerra, ninguno tan militante como el del héroe mutilado, que incluso fue enterrado únicamente con el uniforme de San Lázaro.

Vino a refrendar esta privilegiada situación, la orden del Ministro de la Gobernación, Sr. Serrano Suñer, de 9 de Mayo de 1940, publicada en el Boletín Oficial del Nuevo Estado, por la que se reconocía a San Lázaro su carácter de institución oficial, declarándola de utilidad pública para todo el territorio español y autorizando a sus miembros el derecho de usar los distintivos e insignias que establecían los Estatutos de 1935. Por si esto fuera poco, el 8 de Marzo de 1946, un Decreto del propio Caudillo aprobaba el Reglamento para la lucha contra la lepra, dermatosis y enfermedades sexuales, que confiaba a la Orden Militar y Hospitalaria de San Lázaro de Jerusalén la asistencia social a las familias y en especial a los hijos menores de edad de leprosos ingresados en establecimientos sanitarios y la creación del Día de San Lázaro para allegar fondos con que realizar sus fines de auxilio a los familiares de leprosos, por lo común pertenecientes a sectores económicamente débiles.

En 1939, el Gran Maestre, dictó unos nuevos Reglamentos, que venían a refundir las antiguas tradiciones lazaristas con las exigencias de los tiempos nuevos, por los que la Orden asumía de modo explícito un carácter ecuménico, al admitir abiertamente el ingreso de caballeros de distintas confesiones cristianas. Muerto el duque de Sevilla en 1952, fue su hijo, D. Francisco de Borbón y Borbón, quien fue nombrado Lugarteniente General en 1953, y en 1959 fue nombrado XLV Gran Maestre del Hospital de San Lázaro.

 

LA RUPTURA

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Don Francisco de Borbón y Borbón

Ya en 1956, durante su lugartenencia, consideró don Francisco que su dedicación a la profesión militar impedía el desempeño pleno de sus funciones como Jefe Supremo de la Orden, por lo que nombró un Administrador General residente en París, en la persona del duque de Brissac. El duque de Brissac actuaba en la práctica autónomamente, lo que provocó ciertos conflictos con el Duque de Sevilla. Una profunda división aumentada por la diferencia de caracteres entre el Gran Maestre y el Administrador General y su distinta concepción de gobernar la Religión.

El 20 de Marzo de 1967, el Consejo Supremo decidió traspasar unilateralmente los poderes magistrales al Administrador General, duque de Brissac, en un acto absolutamente ilegal. Diez días después, Brissac expidió un decreto declarando vacante el Gran Magisterio y proponiendo la candidatura de S.A.R. don Carlos Felipe de Orleans, duque de Nemours, Vendóme y Alençon para el cargo. A su vez el Gran Maestre relevaba por decreto al duque de Brissac de sus funciones específicas de Administrador General y trasladaba la administración de la Orden a Madrid. Pese a estas medidas, una fracción de la Orden, sin representatividad alguna, eligió Gran Maestre al duque de Nemours, actuando de manera totalmente ilegítima.  Demostrando

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XII Duque de Brissac

una vez más su caballerosidad y amor por la Orden, don Francisco de Borbón aceptó de facto el hecho de la elección de Nemours, quedando como Gran Maestre emérito. De igual manera, el duque de Nemours, XLVI Gran Maestre de San Lázaro, comenzó a tener sus propios problemas con el grupo capitaneado por Brissac. Tras un grave enfrentamiento con París, la Orden se escindió ya que Brissac fue elegido por sus leales XLVII JefeSupremo, sin que su grupo tuviese el atrevimiento de denominar el cargo de Brissac con el nombre tradicional de Gran Maestre. Naturalmente Nemours rechazó estas acciones y trasladó, con la ayuda del coronel Gayre, la sede administrativa de la Orden a Malta, por lo que la rama legítima comenzó a llamarse Obediencia de Malta mientras que la capitaneada por el duque de Brissac sería conocida como Obediencia de París.

Nemours fallece el 10 de Marzo de 1970, quedando entonces la Obediencia de Malta sin Gran Maestre. El 14 de ese mismo mes, el coadjutor firma una declaración proponiendo a don Francisco de Borbón como nuevo Gran Maestre. Durante el período subsiguiente, la firmeza del Gran Refrendario, el coronel Gayre, permitió que la rama legítima se consolidase en las nuevas jurisdicciones de habla inglesa. Finalmente don Francisco de Borbón y Borbón decidió aceptar de nuevo el cargo de Gran Maestre, el 12 de Mayo de 1973.

 

EL DESARROLLO INTERNACIONAL DE LAS DOS OBEDIENCIAS

Simultáneamente a estos hechos a los que nos referimos, el Hospital une al tradicional objetivo de auxilio a los leprosos, el de ayudar a los enfermos, los inválidos y las personas de la Tercera Edad. Se establecieron varios programas de lucha contra la lepra en Nueva Zelanda, en tanto que se fundaban Cuerpos Voluntarios de Ambulancias en Alemania, Austria, Alsacia, Irlanda del Norte y Escocia. En España, se creaban becas de ayuda a los hijos de los leprosos  mientras que en Finlandia y Suecia, se mantenía un cuerpo especial médico de lucha contra la drogadicción, sin olvidar la misiones médicas en Kenia y Camerún. También la Orden ha estado presente en las guerras de Camboya y Líbano, y se fundaban hospitales y leprosarios en Méjico, Colombia, Argentina, Paraguay , Sudán, Brasil, Chad o Senegal.

En España, el 4 de Agosto de 1980 se produce un nuevo reconocimiento oficial que renovaba el de 1940, refrendado por los Ministerios de Justicia, Sanidad y Seguridad Social y Defensa, además del de Interior. Por esta renovación oficial, el Estado español reconocía el carácter, denominación y títulos de los miembros de la Orden. Además, el 18 de mayo de 1984, el Arzobispo de Toledo y Cardenal Primado de España, Don Marcelo González Martín, dirigió una carta a la Orden aceptando ejercer el Protectorado Espiritual sobre el Priorato español, y confiriendo al mismo tiempo personalidad de Asociación canónica de ámbito diocesano en la Archidiócesis de Toledo. Era evidentemente un paso gigantesco en el proceso de normalización de relaciones con Roma, que había pasado de incluir a la Religión de los leprosos en la lista de Ordenes falsas a reconocer a la Obediencia legítima como asociación canónica.

En 1982, una ayuda de mil doscientas toneladas de alimentos y medicinas para los necesitados de Polonia movió a las autoridades de la Comunidad Económica Europea a reconocer a San Lázaro como organismo humanitario. Posteriormente se otorgaría a la Orden, el Premio Juan XIII en reconocimiento a su contribución caritativa y asistencial al Tercer Mundo. También en Irlanda del Norte, en Nicaragua y en Guatemala, se ha dejado sentir la acción humanitaria de la Orden. Un programa de ayuda a Méjico se desarrolló durante el terremoto de 1985, supervisado por el Primado de Méjico, miembro asimismo del Gran Priorato de América. En 1977, la Orden inauguró un pueblo de San Lázaro para la Tercera Edad, en Nueva Zelanda. En Jerusalén, se han establecido un Centro Sanitario y un Centro de Ayuda a la Infancia dependientes de San Lázaro.

 

LA REUNIFICACIÓN DEL HOSPITAL LAZARISTA

En 1979, don Francisco de Borbón firmó un Protocolo de Acuerdo con el grupo de Brissac, en que se preservaba la unidad espiritual de San Lázaro bajo la autoridad del Patriarca Máximos V Hakim y por el que las dos Obediencias se comprometían a abandonar las disputas y trabajar por la consecución de la Unidad de la Orden con un espíritu de hermandad.

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Don Francisco de Borbón y Escasany, V Duque de Sevilla

Después de la firma de dicho acuerdo, se produjeron varios contactos entre dignatarios de las dos Obediencias, pues era opinión mayoritaria entre los miembros de la Orden, no regatear esfuerzos para la pronta restauración de la unidad lazarista. Pero una serie de desencuentros durante el Gran Consejo Magistral en Washington entre los días 12 y 14 de julio de 1984, y una desafortunada e inaceptable intromisión por parte del Patriarca Máximos V frenó ese espíritu. Finalmente un paro cardíaco acabó con Don Francisco, el 18 de Noviembre de 1995.

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D. Carlos Gereda de Borbón, Marqués de Almazán

Con grandes dosis de paciencia y diplomacia, su hijo don Francisco de Paula de Borbón y Escasanny, V duque de Sevilla, consiguió un diálogo distendido con la Obediencia de París, y a raíz de sus encuentros en Francia con Brissac,  el propio duque de Brissac dirigió una carta a sus seguidores con la promesa de su dimisión, y la recomendación de la elección como su sucesor del Gran Maestre legítimo. Tras negociar con París unas nuevas Constituciones, aceptables para las dos ramas y un calendario para la reunificación, en el año 2006 renunció el Jefe de la rama francesa, el duque de Brissac. Y el 12 de Octubre de 2006, en una reunión en Houston, en EEUU, las dos obediencias desaparecían oficialmente, integrándose en una sola orden de San Lázaro de Jerusalén. Así finalizó para bien del Hospital, una larga separación entre hermanos. Posteriormente, el duque de Sevilla renunció al Gran Maestrazgo en 2008, siendo elegido, en un Capítulo General reunido en Manchester para sustituirle, don Carlos Gereda de Borbón, Marqués de Almazán, su primo, como 49 Gran Maestre, felizmente reinante.

(Textos procedentes del libro “Historia apasionada de la Religión de San Lázaro”, de José Mª de Montells y Galán)

Cruz de San Lázaro Bibliografía referente a la Orden de San Lázaro