Sin título

El pasado 5 de mayo de 2018 se produjo en Madrid el acto trascendental de la elección de un nuevo Gran Maestre de la Orden de San Lázaro de Jerusalén, reunido el Capítulo General que transcurrió en la mañana del dicho día en el hotel Meliá Serrano de la capital española y que contó con la asistencia de representantes de 24 países. Yo había delegado mi voto en el Gran Prior de España y por ello no asistí a los actos matinales. Dada mi provecta edad y mis achaques, me reservé para la tarde, pues de acudir a las votaciones y al resto de los gozosos acontecimientos del día me hubieran tenido que recoger en camilla. Inconvenientes de ir cumpliendo años, a Dios gracias. He de decir ahora que lo siento, es ocioso. Me hubiera gustado ver que la elección de don Francisco de Borbón y von Hardenberg, conde de Hardenberg, se hizo por aclamación de los presentes, sin una voz en contra.

Interpretación de las armas de don Francisco de Borbón y von Hardenberg que realizó el heraldista Martínez Larrañaga.

Es lo más natural, dado que don Francisco es el eslabón final de una cadena sucesoria de Grandes Maestres pertenecientes todos ellos a la familia Borbón Sevilla. Su padre, su abuelo y su bisabuelo han sido jefes supremos de la Religión de la Cruz Verde. Personalmente la elección de don Francisco es motivo de enorme satisfacción. Mi familia y yo mismo, hemos estado vinculados a los Borbón Sevilla desde antiguo. He tenido una relación de amistad con los tres últimos Maestres y espero y deseo con toda mi alma que el 50 Gran Maestre acierte en sus decisiones para llevar a la Orden al lugar preeminente que le corresponde en el panorama contemporáneo de la caballería internacional.

Me cuentan, eso sí, que la mañana transcurrió con una extraordinaria cordialidad fraterna, con una gran alegría, contenida tan sólo, por los luctuosos sucesos que hemos vivido con el fallecimiento de su predecesor don Carlos Gereda de Borbón, marqués de Almazán. No me extraña. El 49 Gran Maestre fue una persona muy querida en el seno del Hospital. Me dicen además que fueron muy cálidas las palabras de los jefes de jurisdicción dirigidas a don Francisco dándole la bienvenida en sus nuevos quehaceres. Presentes estaban Monseñor Pennisi, Gran Prior Espiritual de la Orden y el Gran Maestre Emérito, antiguo 48 Gran Maestre, don Francisco de Borbón y Escasany, V duque de Sevilla. Conviene resaltar aquí que en la mente de todos los electores estaba su ejemplar magistratura que servirá de modelo, sin duda, a su hijo el conde de Hardenberg. El duque de Sevilla con enormes dotes diplomáticas y autoridad moral consiguió unificar las dos obediencias en las que entonces se dividía la Orden. Un final fraterno para una disputa que parecía irresoluble.
Ya por la tarde, me acerqué al Monasterio de Santo Domingo el Real para ser testigo de la proclamación e investidura del nuevo Gran Maestre en una sobria y emotiva ceremonia religiosa que tuvo como protagonistas principales al duque de Sevilla y al arzobispo de Monreale, Monseñor Pannisi, amén del propio don Francisco de Borbón.

Imposición del Gran Collar al nuevo Gran Maestre.

Por fortuna, no fui el único, el ritual de proclamación se realizó ante unas trescientas personas venidas de todos los países del mundo. También hizo acto de presencia en la solemne ceremonia la madre del nuevo Gran Maestre, doña Beatriz von Hardenberg-Furstenberg, princesa de Furstenberg y su hermana, doña Cristina de Borbón y von Hardenberg. Lamentablemente, no pudo asistir el Protector Espiritual, SB el patriarca Youssef I Absi, dada la situación bélica de Oriente Medio y la persecución a la que se ven sometidos los cristianos en Siria. Actuó de maestro de ceremonias, quien lo es del Gran Priorato de España, don Manuel Tourón y Yebra y tradujo al inglés, la vicecanciller de finanzas, la Dama doña Patricia Pedrazas Freeman. Puso el contrapunto musical el grupo Laudes de manera impecable. De igual forma intervinieron en la investidura el Gran Comendador, el caballero Ronald Hendriks y el Gran Canciller. La representación española estuvo encabezada por el Gran Prior, don Iván de Arteaga, marqués de Ariza que pronunció unas palabras de salutación al Gran Maestre y se compuso de un nutrido grupo de caballeros y damas que se desplazaron exprofeso a Madrid para la ceremonia. Después del juramento del nuevo Maestre de la Religión, todos los presentes renovamos el nuestro. Ya escribí hace algún tiempo que en recta doctrina, el juramento que se profiere en casi todas las ceremonias de ingreso, incluida en la de nuestra Orden, es un compromiso con la lealtad de por vida. No tiene fecha de caducidad. Esencial resulta que seamos leales a los ideales corporativos y obedientes a quien desempeña la autoridad. Como en repetidas ocasiones dijo el marqués de Almazán, las instituciones caballerescas no son sociedades democráticas, son agrupaciones jerarquizadas donde la autoridad es ejercida por un Maestre que se asesora de los mejores. SER LEALES SIGNIFICA SER HONRADOS, SER SINCEROS, SER RECTOS, SER FIELES A NOSOTROS MISMOS Y A LA INSTITUCIÓN A LA QUE DESEAMOS INCORPORARNOS. ASÍ EL HOMBRE CORRIENTE, RECIBE EL ORDEN DE LA CABALLERÍA QUE IMPLICA UNA TRANSFORMACIÓN ÍNTIMA Y RADICAL. En el ámbito de nuestra Orden, se añade a las virtudes tradicionales de la Caballería, un espíritu religioso que propugna la Unidad de las Iglesias en Cristo, siguiendo a pies juntillas, las enseñanzas emanadas del Solio Pontificio. El filósofo norteamericano Josiah Royce Royce sostiene que la lealtad es una virtud primaria, “el centro de todas las virtudes, el deber central entre todos los deberes”. Royce presenta la lealtad, como un valor moral básico del cual se derivan todos los demás valores o principios. La lealtad para Royce es “la devoción consciente de una persona a una causa”.

Por tanto y EN SENTIDO CONTRARIO, LA TRAICIÓN SERÍA VULNERAR CON DICHOS U ACTOS, EL COMPROMISO DE LEALTAD EMPEÑADO EN EL JURAMENTO. FALTAR A LA PALABRA DADA QUE DEBERÍA SER SAGRADA. LA DESLEALTAD ESTARÍA ASOCIADA A LA FALTA DE COMPROMISO, RECONOCIMIENTO Y RESPETO HACIA LAS INSTITUCIONES IMPLICADAS Y UNA GRAVE OFENSA A DIOS QUE HA SERVIDO DE TESTIGO DE LO QUE NOS HEMOS COMPROMETIDO A DESARROLLAR: UNA VIDA SACRIFICADA EN ORDEN A LA CONSECUCIÓN DEL IDEAL.

Renovar el juramento de lealtad y obediencia al Gran Maestre a estas alturas fue un reencuentro emocional con las propias raíces y con el compromiso siempre vivo de mi lazarismo militante.

Proclamación del Gran Maestre.

Muy conmovedora resultó la bendición por el arzobispo Pennisi del 50 Gran Maestre en presencia de su padre, el duque de Sevilla y del Mariscal del Gran Priorato de España, don Emilio Aleman de la Escosura.
Fue el propio Gran Maestre Emérito quien impuso el Gran Collar de la Orden a don Francisco y el Gran Canciller, el caballero Gran Cruz Edward B. White, le hizo entrega del cetro que le consagra como jefe supremo del Hospital, insignias ambas que son símbolo de su poder. Un poder que dimana del Capítulo General de todos los caballeros que le han elegido y que debe ejercer legítimamente con toda autoridad y determinación.

A la salida, tuve la oportunidad de saludar a viejos y nuevos amigos. Al matrimonio Bonet, a los Arriaga, al inquieto Alfredo García Til, a mi querido Juan Ruiz de Burgos, a los Pérez de Ruibal, al Gran Prior de Portugal mi admirado, Nuno Pinto Leite, a Luis Soveral, barón de Arade, modelo de caballero lazarista, al Gran Prior de Francia, el conde d`Andlau, al Gran Prior de EEUU, Keneth Moritsugu y a tantos y tantos otros que sería prolijo enumerar y que están en el corazón. Más tarde y por hacer tiempo, me senté en una terraza con Gerardo López Cuevas y dos hermanos de manto más a los que no conocía y que resultaron magníficos contertulios.

Luego, otra vez en el hotel Meliá Serrano, donde se sirvió un coctel-cena, tuve ocasión de departir con el duque de Sevilla, con el nuevo Gran Maestre, con mis entrañables amigos don Manuel Tourón y don Emilio Aleman, con la siempre encantadora Rosa Rodrigo, con Javier Morillas y su atractiva esposa y con otros muchos caballeros y damas que hicieron muy grata mi estancia en la celebración. No me cansé y estoy por asegurar que la alegría que me embargaba consiguió redimirme de los dolores que me acompañan desde hace algún tiempo. Un milagro de San Lázaro que siempre vela por nosotros. Solo me queda añadir que fue un día gozoso y completo. Una jornada inolvidable.